El éxito publicitario de “La Gioconda” frente a Gala de Dalí

El cuadro “La Gioconda” es el retrato más famoso de la historia y quizás el cuadro más famoso de la pintura occidental. Comercialmente se ha asociado su imagen con programas que nos permiten reproducir fácilmente su imagen como auténticos Leonardos (MS Paint), o para vendernos champoos (Pantene) e incluso -más fascinante aún- hemos podido observar cómo se realizaba una reproducción de su imagen con grasa de hamburguesas (www.burguergreaseart.com. Se utilizaron 14 hamburguesas cargadas de grasa, para crear la obra maestra para una compañía de comida rápida estadounidense, que quería demostrar cuánta grasa habia en las hamburguesas de su competidor). Lo mismo ocurre con el cuadro “El grito” de Munch reproducido en pósters, libros de arte, llaveros, dibujos animados e infinidad de productos y otras tantas obras artísticas utilizadas en muchos spots publicitarios.

Por el contrario, va a ser difícil ver vinculada la imagen de Gala en alguna acción promocional o publicitaria. La obra de Dalí está celosamente protegida por la Fundació Gala-Salvador Dalí. Lo mismo ocurre con la obra de Picasso, cuya explotación en exclusiva corresponde a la Succession Picasso (forma jurídica que representa al conjunto de los herederos del artista), o la obra de Joan Miró, por citar unos ejemplos.

¿Qué diferencia a dichas obras para que unas puedan utilizarse y otras no?

La diferencia radica en el hecho de estar o no considerada como obra de dominio público.  Las obras de dominio público no están protegidas por el derecho de autor en su vertiente patrimonial, por lo que pueden ser utilizadas libremente (y por lo tanto, pueden ser copiadas, reproducidas,  distribuidas y  adaptadas) sin necesidad de solicitar autorización alguna o pago de canon o licencia por su uso.

La figura de “obras de dominio público” busca el justo equilibrio entre la protección de los derechos de autor y el derecho del público a acceder a la cultura de tal forma que ésta acabe revertiendo en el público en general.

¿Cuándo una obra entra en el dominio público?

Cada legislación nacional contempla un periodo de vigencia de protección del derecho (patrimonial) de autor. Esto es, variará en función del país. En concreto, según el Convenio de Berna las obras protegidas por el derecho de autor pasan a dominio público a los 50 años de la muerte del autor, reconociendo la posibilidad a los países signatarios de dicho Convenio de ampliar dicho plazo de protección. A modo de ejemplo, en España las obras pasan a dominio público a los 70 años de la muerte del autor.

¿Qué límites y cautelas debo tener en cuenta en el uso de una obra de dominio público?

Dicho todo lo anterior, no cabe presuponer que voy a tener libertad absoluta para modificar, deformar o alterar una obra de dominio público. Existen un límite a dicha explotación “libre”, que deriva de los denominados “derechos de morales” del autor, que son irrenunciables e inalienables aún cuando la obra pase a dominio público. Ello se traduce en respetar siempre la autoría y la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a la reputación del autor.

Finalmente, destacar que cada una de las nuevas reproducciones que se realicen sobre una obra de dominio público, son por sí mismas obras que merecen la protección y reconocimiento de su autor (son las denominadas obras derivadas).

yolanda
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